viernes, 4 de agosto de 2017

CONFIESA A UNA MUJER EL SENTIR QUE SIEMPRE LE OCULTÓ ESTANDO PRÓXIMO A MORIR





El son oír podrás de aquel secreto
que consumirá la Hora1 en llama fría,
cuando vuele mi aliento al nuevo día2
en que al sosiego entrega el pecho inquieto3.

Allí vencer verás el arduo reto
que el Tiempo malhechor a mi ansia hacía,
y alzar al alto cenit mi alegría
del Hado quebrando cruel decreto4.

Mi amor, de mis días arcano hiriente,
por fin adornará el pensil marchito5,
y buscaré a Caronte6 en la distancia7.

Mas feliz iré a la infernal corriente8,
pues en tu mirada dejaré escrito,
el verso guardián de tu ignorancia.


Fernando Fajardo


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1- la Hora: alegoría de la muerte.
2- nuevo día: alegoría del más allá.
3- en que al sosiego entrega el pecho inquieto: el verso es alegoría del descanso eterno. También en el verso se ha usado elipsis (en que al sosiego [se] entrega el pecho inquieto).
4- cruel decreto: alegoría de las circunstancias que obligaron al amante a ocultar su amor.
5- pensil marchito: alegoría del espíritu atormentado por un amor que no pudo revelar.
6- Caronte: también Carón; el barquero que en la mitología griega atravesaba las almas de los muertos a la otra orilla de la Laguna Estigia.
7- distancia: alegoría de la muerte.
8- infernal corriente: alegoría del río Lete o Leteo, el cual debían atravesar los muertos para ingresar en el hades, y cuyas aguas, al ser bebidas, hacían olvidar a las almas el camino de vuelta para que así no pudiesen regresar a la vida.





 





 

2 comentarios:

  1. Qué decir ante tan maravilloso soneto; qué expresar ante emociones tan apasionadas; cómo encarecer la forma excelsa que engalana tan tierno sentimiento. De nuevo, amigo mío, de su pluma brota la belleza más elevada para ofrecer cuestión tan terrible y hermosa. ¡Ah, el amor guardado y secreto! Dulce veneno que da la vida y la quita lentamente. Sólo quien lo ha aprisionado entre las venas, quien le ha dado el pecho como cárcel y los labios como mudos guardianes, puede alcanzar a comprender estos acentos. Y que el estertor sea un "te amo" que durante tanto tiempo creció oculto, cual luz en las tinieblas; que el canto del cisne sea la confesión del adorado y aborrecido secreto... Las lágrimas, ya sea de la amada o del que lea y entienda estos versos, son el mejor tributo. Mézclense con la infernal corriente donde, sin duda, se ha de reflejar un rostro feliz y enamorado.

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  2. Y qué decir ante semejante lauro... no hay palabras; sólo puedo responder un simple: "muchísimas gracias".

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